…o una ilusión, o una invención como la de Morel, sólo que en este caso, en vez de buscar integrarse en ella lo que hay que hacer es, precisamente, todo lo contrario.
Cuando te das cuenta que no era la persona que querías, ni el sitio que creías, ni la opción que elegiste, ni la vida que anhelabas, ni el sueño por el que luchabas despierto te das cuenta de que todo se acabó, de que ya nada relacionado con ello tiene sentido, ni significado, ni importancia alguna, salvo esos dos años y medio perdidos por haber sido y estado engañado debido a esos cantos de sirena, oídos en ese desierto de arena perdido en el que me encontraba varado tras perder mi rumbo en el océano de los días con luz.
Lo gracioso es haberte dado cuenta gracias, precisamente, a ese ser mitológico que tanto daño te ha hecho. Ese ser que es incapaz de mantenerse por sí mismo y que intenta arrastrarte con él hacia el Hades, pues es el único sitio en el que ha vivido siempre realmente. Es triste, sí, haber vivido confundiendo a quién pensabas que era tu Penélope con quien en realidad es, y será siempre, una de las Erinias.
Fin del caos… « La belleza del caos… dicho:
on 1 enero, 2012 at 12:05 am
[...] cero a crear ese camino que me permita llegar a ese destino que siempre he buscado, porque sé que Penélope está [...]